domingo, 17 de mayo de 2009

MI PRIMERA VEZ EN UNA MARCHA EL DÍA DEL TRABAJO.




Salir, a marchar reclamando una condición justa laboral todos los 1 de mayo era algo que solo veía en los noticieros, que unos cuantos me contaban, que desde que era pequeña mi padre venia a protestar con los de FECODE por las malas condiciones en las que se encontraban los profesores en el Tolima y en general la de muchos maestros en el país que son acecinados, sin garantías en zonas de alto riesgo, por la descentralización que mantiene el gobierno, la privatización de las empresas, los gobiernos creen que esa es la mejor alternativa, igual así ya hemos venido entregando poco a poco a manos de los Gringos nuestros más ricos territorios.

Todo estaba planeado para ir ese día con un amigo y seguir con nuestra investigación sobre el grupo de desplazados de la Plaza de Bolívar y el Parque Tercer Milenio, lo cual repudio pues esto no debe pasar, cientos de familias esperando una solución siendo más las victimas obligadas al salir de sus tierras por los grupos armados con un futuro tan incierto como el de tantos que esteperan regresar a sus tierras, vivir en paz.

La mañana era un poco fría como suelen ser últimamente las mañanas en Bogotá, tomando así un bus que me dejaría cerca de a la Plaza de Bolívar, de un momento a otro comencé a haber que el bus cogía la ruta a la Universidad Externado, me dije ¡Andrea te Toco Caminar!, caminar por las calles de La Candelaria es sentir como la historia de Colombia recorre las venas, toda la hibridación de las diferentes culturas, cada casa, las calles tienen un cuento que ser escuchado, desde allí la llamada Santa fe nace en aquellas chozas cuantas veces Simón Bolívar y su tropa recurrieron estas pedregosas calles que ahora muchas están adoquinadas casas para exposición convirtiéndolas en museos toda esta zona es llamada ahora el Centro Histórico cultural donde propios y extraños ven otra Colombia.

La que cuenta, la que se entrelaza en risa, poseía, arte pintura fotografiada por extranjeros ciudadanos y estudiantes como yo que cuando puedo me la recorro, sacando cada ves cosas nuevas, pero esta bien este lugar el del desarraigo social, la otra cara que protesta que marcha concentrada para ser odia rechazando toda forma de violencia e injusticia.

Esa mañana todo se veía tranquilo ya la Policía cubría la séptima de verde, de tanquetas, me preguntaba ¿estamos esperando la guerra?, pero entiendo que muchas veces los que protestan no son los que generan la revuelta, sino aquellos que no entienden que con violencia no se logra si no más violencia y represión.

La ruta era empezar desde la calle 26 y nosotros hicimos lo contrario des la plaza hasta la calle 26, estar en la marcha es sumergirse en otro país, el inconforme, el olvidado el que olvida, en el que para acceder a la educación es cada vez más difícil. El que tiene hambre, el que no perdona y no olvida a sus muertos a sus secuestrados los Siervos sin tierra.

Ver indígenas alejados de sus resguardos de su mundo pacifico y llegar a una ciudad que trasforma su esencia en el abandono; cada uno de los grupos sindicalistas con sus comitivas gritaban arengas “No a la Reelección” rechazando esta política que no brinda condiciones justas, más a la explotación laboral con bajos salarios y con menos oportunidades del empleo.

Lo que se siente es algo diferente es ver que el mundo en el que vivimos se aleja de nuestra realidad, salirnos de la bolita de cristal en la que andamos, ese día vi protestando a todas las clases sociales todos querían ser escuchados que sus voces quedarán como caja de resonancia en las paredes de los centros del poder para recordarles que en Colombia se sufre y se seguirá sufriendo si entre todos no hacemos algo por un verdadero cambio.

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